Concurso de acreedores: claves para entenderlo

Seguro que has oído hablar alguna vez del concurso de acreedores, pero sin saber exactamente qué es ni para qué sirve. Esta figura jurídica, entendida como cuerda de salvación en unos pocos casos y como la salida más digna a una situación de insolvencia en la mayoría de ocasiones, se ha ‘dado a conocer’ a causa de la crisis económica aunque su origen en la legislación española se remonta muchos años atrás.

En este completo post os explicábamos los pasos a seguir por parte de una empresa, las diferentes opciones, la resolución del concurso, y cómo afecta este a los empleados. El punto de partida que da sentido al concurso de acreedores es una mala situación económica, y unas previsiones de negocio negativas, que hacen que no se puedan afrontar las deudas contraídas. Y no os vamos a engañar, en la mayoría de casos supone el cierre de la compañía.

Hoy queremos aportar claves concisas y directas que faciliten entender todo lo relacionado con este proceso, y averiguar si hay otras opciones ante una insolvencia.

  1. ¿Qué es un concurso de acreedores?

La Ley Concursal aprobada en 2003, y que sirve para regular todo lo relacionado con el concurso de acreedores, supuso una actualización de la Ley de Suspensión de Pagos de 1992. Se trata por decirlo así de la actualización de aquella normativa que nació con carácter provisional pero que se convirtió en una pieza importante dentro de la legislación concursal.

El concurso es una figura jurídica basada en esto: no poder pagar las deudas. Si esas deudas son puntuales, y la empresa es capaz de satisfacerlas aunque con un poco de retraso y previa negociación, por lo general no serán trascendentales. Pero cuando esas deudas (que venden a corto plazo) se convierten en un verdadero problema en el sentido de que la compañía no puede afrontarlas ni con el paso de los meses, el concurso podrá ser una realidad.

Por lo tanto el concurso de acreedores tratará de, teniendo en cuenta el patrimonio de la empresa (venta de bienes, reducir gastos, optimizar recursos, etc.), buscar una solución a la situación de insolvencia.

En economía se estudian varios modelos de ratios que ayudan a saber si una empresa está cerca o no de quebrar, mediante la comparación de los diferentes apartados del balance contable. Es importante indicar que el concurso de acreedores no significa la bancarrota, ni el cierre del negocio. En teoría. Porque la práctica dice que la gran mayoría de empresas que lo solicitan se ven abocadas a decir adiós.

  1. Cuándo se solicita y por quién

Esta es otra de las preguntas frecuentes que se puede hacer un empresario. Existen dos formas de entrar en un concurso: de manera voluntaria, o de manera necesaria o forzosa. Explicamos las diferencias.

El concurso voluntario es solicitado por el propio deudor. Es decir, aquella persona (o consejo de dirección) que al frente de su empresa se percata de que no va a poder pagar todas aquellas deudas que ha contraído. Como indicábamos, existen ratios que permiten desvelar estas incógnitas, además de las propias previsiones que haga la compañía.

Es cierto que tanto las personas jurídicas como las físicas pueden solicitar voluntariamente un concurso de acreedores, pero realmente las situaciones de este tipo para particulares son anecdóticas.

Si el deudor quiere solicitar entrar en concurso debe cumplir unos plazos. La Ley marca que el tiempo que tiene para presentar la declaración es de dos meses a partir de la fecha en la que tuvo conocimiento sobre la situación de insolvencia. Esto parece poco definido, y es así realmente. ¿Cómo se sabe ese momento exacto? Pero el texto de la Ley agrega que esos dos meses empiezan a correr desde el momento en el que el deudor “debiera” conocer su estado insolvente.

Esto es más importante de lo que parece ya que pasados esos dos meses el deudor podría incurrir en otro tipo de responsabilidades. No obstante este es un tema que es mejor dejar en manos de abogados especialistas en derecho mercantil, así como la elaboración de toda la documentación necesaria para acudir al juzgado para solicitar concurso.

  1. Concurso necesario. Cuando el acreedor inicia los trámites

Esta es la segunda de las posibilidades: que sea uno de los acreedores quien se sienta perjudicado por no cobrar y acuda a los juzgados a pedir el concurso de acreedores.

Esta posibilidad tiene ‘truco’ ya que quien solicite abrir concurso de acreedores tendrá trato preferente en el momento de cobrar las deudas. Por lo tanto ante una situación de morosidad lo recomendable es que sea el deudor quien lo pida y así evitar problemas.

También hay que tener en cuenta que el acreedor solicitante no va a estar por delante ni de Hacienda ni de la Seguridad Social cuando estas dos sean también acreedoras, por lo que tampoco tiene seguro que vaya a cobrar dinero. Por lo que primero siempre se recomienda tantear al deudor y buscar una negociación dentro de unos términos coherentes, y siempre con asesoramiento jurídico especializado.

  1. Ventajas de entrar en concurso de acreedores

Esta es otra de las preguntas vitales que hay que despejar. ¿Qué va a conseguir una empresa que solicita concurso? Pues bien, la respuesta larga es: depende.

Y depende de muchos factores. Como hemos indicado, lo normal es que el concurso de acreedores conduzca hacia el cierre total de la empresa. Y aquí caben suspicacias, porque habrá quien piense que el concurso puede salir “rentable” a una empresa llena de deudas, o a una que no tenga tantas pero que no confíe en una rentabilidad futura.

Si la empresa cierra a través de concurso de acreedores todos los trabajadores serán despedidos de manera objetiva con la correspondiente indemnización y sin posibilidad de acudir al FOGASA para recibir el dinero que pueda que no hayan cobrado. Hay que recordar que el asalariado de una compañía, si tiene nóminas pendientes, es también un acreedor pero por lo general será el último en cobrar por detrás de administraciones públicas, proveedores o entidades bancarias.

En cualquier caso sí que es importante dejar claro, para evitar la suspicacia, que el resultado del concurso de acreedores dependerá de un juez concursal. Por lo tanto se trata de un proceso que tiene unas garantías jurídicas y que sigue un cauce marcado por Ley con el objetivo precisamente de que esta figura no pueda ser aprovechada de una forma perversa o retorcida.

Entre las ventajas que aporta un concurso de acreedores que sigue unos cauces normales está el hecho de que la empresa podrá poner fin a su angustiosa situación económica de una forma legal y sin que tener que afrontar con el patrimonio personal de los socios (en el caso de sociedades limitadas o anónimas, por ejemplo) el pago de las deudas.

Una gran ventaja también es que existe la posibilidad de incluso salvar las deudas y continuar con la actividad económica, pero como apuntamos esto es poco frecuente. En estos casos se establecería un calendario de pagos junto con los acreedores, mediante una propuesta hecha por el deudor, y así se evitaría el cierre (lo que no implica que esta situación conduzca, por ejemplo, a despidos colectivos para reducir gastos).

El solicitar concurso de acreedores supone paralizar todas las demandas interpuestas por los acreedores, y que no se admitan más, lo que es otra buena ventaja. Además se evita el desahucio, y no se devengarán intereses.

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  1. ¿Y las desventajas?

El hecho de tener que liquidar la empresa ya de por sí es un gran inconveniente, aunque nada comparado a mantener una empresa que mes a mes genera pérdidas. Por lo tanto hay que tener decisión y solicitar sin miedo el concurso de acreedores.

Es cierto que es una figura jurídica con ‘mala prensa’, y que en caso de que la empresa siga con vida queda algo estigmatizada.

Pero entre las mayores desventajas está la realidad: es un proceso largo y caro. El deudor deberá hacer frente a los costes del administrador concursal, quien se encarga de vigilar y coordinar el proceso, y se puede prolongar en el tiempo de una forma tortuosa.

Tampoco hay que olvidar que el juez puede dictaminar que los administradores sociales han sido culpables de llevar a la empresa hacia el borde del abismo, y eso podría tener consecuencias incluso penales, según la gravedad. Por eso siempre es fundamental tener de tu lado un abogado especialista como los que pone a tu disposición Easyoffer.

A eso hay que sumar que durante el tiempo que dure el concurso los dueños de la empresa van a ver limitado su poder e influencia, y no podrán disponer libremente del patrimonio de la sociedad, ni posteriormente podrán hacer la gestión que deseen ya que quedarán supeditados al veredicto del administrador concursal.

Por parte del trabajador, las desventajas son claras: quedarse sin empleo, y puede que incluso sin cobrar lo que les deben.

Y por parte de los proveedores, es posible que estos tampoco lleguen a cobrar nunca. Si el patrimonio de la empresa es muy inferior a sus deudas, aunque se venda todo en primer lugar cobrará Hacienda, por lo que puede que no haya activos suficientes como para satisfacer a todos los acreedores privados.

  1. Concurso culpable o fortuito. Un momento clave.

Uno de los puntos fundamentales del concurso de acreedores es el de depurar responsabilidades. Generalmente estos procesos son considerados fortuitos, es decir, que no culpan a los administradores sociales de la empresa aunque no hayan acertado en sus decisiones empresariales.

Pero si el juez considerase que una gestión maliciosa e imprudente por parte de los gestores de la compañía es la que ha llevado a la ruina entonces el concurso se declararía culpable y esto acarrea serias consecuencias. La responsabilidad frente a las deudas pasaría al patrimonio personal de cada administrador, pero no solo eso.

Para que un concurso sea declarado culpable generalmente tiene que haber manipulación en la contabilidad, falsificación de documentos y otro tipo de trampas. Y si se investigan, alguna de estas podría conllevar responsabilidad penal para los casos más flagrantes.

  1. Información: Registro público concursal

Se trata de una herramienta puesta por el Estado al servicio de los acreedores. La mencionamos ya que puede ser realmente útil para aquellos que se vean inmersos en un concurso ya que aquí se puede encontrar información oficial sobre empresas en concurso, expedientes, convenios y mucho más.

A través de un buscador de interfaz sencilla se puede acceder a la empresa sobre la que se quiera consultar con la garantía de que la información ofrecida es fiable ya que corresponde a juzgados, registradores, notarios y otros entes públicos.

  1. ¿Qué pasa después?

Esta es la última pregunta que hay que responder. Pero tampoco tiene una solución cerrada y que se pueda ajustar a todos los concursos que se solicitan en España (en 2015 fueron 5.510). Podemos apuntar que la estadística indica que menos de un diez por ciento de las empresas que solicitan concurso continúan con su actividad, por lo que la mayoría cierran.

El qué pasa después de un concurso variará según cada caso. Si queremos ser realistas, pero optimistas, el proceso finalizará con la empresa liquidada, los bienes vendidos y el dinero repartido entre los acreedores. El administrador social no tendrá esa compañía pero el calvario habrá pasado para siempre.

Ahora bien, es cierto que las partes involucradas pueden reabrir un concurso cerrado o a punto de cerrar si consideran que algo se ha hecho mal, lo que alargaría más el proceso.

También puede pasar que el concurso sea culpable y se abra otro camino jurídico para el administrador.

O que los bienes de los que disponía la empresa no eran suficientes para satisfacer a todos los proveedores, caso en el cual el deudor no tendrá que preocuparse más pero el acreedor habrá perdido dinero.

Pero la realidad es tan amplia como se quiera imaginar, y la Ley es amplia por lo que caben muchas interpretaciones y posibilidades. Hay quien ha cerrado una empresa con deudas mediante la vía del concurso de acreedores y al cabo de un tiempo ha abierto otra muy similar, lo que es legal. Esto se ha visto por ejemplo en equipos deportivos de élite, que renacían bajo una denominación parecida pero saneados económicamente.

Y, en el caso en el que la empresa consiga trazar un plan de viabilidad para salir de las deudas sin cerrar, se abre un periodo de negociaciones con las partes y de pasar a ver como cada decisión tomada en el futuro tiene que superar invariablemente el filtro de un administrador designado por el Estado.

Pase lo que pase, lo que tienes que tener seguro es que ante un concurso de acreedores, estés en un lado o en otro, vas a necesitar un abogado. Se trata de un proceso en el que se hace imprescindible estar bien asesorado debido a su complejidad y trascendencia, por lo que no dudes en comparar y buscar al profesional que consideres mejor cualificado.

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Daniel Álvarez
Daniel Álvarez Redactor Easyoffer